Por qué no funcionan tus redes sociales: tres pesadillas

Por qué no funcionan tus redes sociales: tres pesadillas

Si llevas las redes de una empresa, probablemente reconozcas alguna de estas tres pesadillas. Las tres las hemos visto de cerca, y las tres tienen salida.

1. La llamada viene de dentro de la casa

Es el clásico del terror: rastrean la llamada y venía del piso de arriba.

En redes pasa exactamente igual. Se culpa al algoritmo, a Instagram, a agosto, a la competencia. Y el problema llevaba todo el rato dentro: nadie sabe explicar a quién le habla.

El test que lo destapa: mira tu último post y responde en voz alta a ¿quién quieres que vea esto?. Si tardas más de cinco segundos, ahí tienes tu llamada.

Cómo se sale: escribe el destinatario en una frase concreta, con nombre y circunstancia. No «pymes del sector», sino «el responsable de compras que ya nos conoce pero no sabe cómo defenderlo internamente». Cuando esa frase existe, el contenido se ordena solo: sabes qué le preocupa, qué palabras usa y qué necesita que le resuelvas.

Es aburrido comparado con probar un formato nuevo. Pero es lo que arregla el problema de verdad.

2. Gritas y no te sale la voz

El sueño más universal que existe. Publicas, publicas, publicas. Y silencio.

Entonces empiezas a publicar más. Más rápido, más veces, más fuerte. Pasas de tres piezas a la semana a cinco, y el resultado es idéntico salvo que ahora estás agotado.

Por qué pasa: el problema casi nunca es el volumen. Es que estás diciendo lo que dice todo el mundo, y de eso ya hay suficiente. Nadie guarda un post que podría haber escrito cualquiera de tus competidores.

Cómo se sale: de ese sueño no se sale gritando más alto. Se sale diciendo otra cosa.

  • Cuenta un caso concreto en lugar de un consejo general.
  • Cuenta lo que no funcionó, no solo lo que salió bien.
  • Cuenta cómo lo haces tú, no cómo debería hacerse.
  • Y baja el volumen si hace falta: mejor dos piezas que digan algo que cinco de relleno.

3. El monstruo está en el espejo

Este es el que menos se cuenta, y es el que más empresas paraliza.

El miedo casi nunca es técnico. No es la cámara, ni el trípode, ni el algoritmo. Es verse. Oírse. Pensar «yo no valgo para esto». Por ese miedo hay empresas enteras calladas durante años, con cosas buenísimas que contar.

Lo curioso es que se pasa rápido. Casi todo el mundo, al verse por primera vez, dice lo mismo: «no soy tan raro como pensaba». Lo que uno cree que se le va a notar, no se le nota. Lo que se nota es otra cosa: si le importa lo que está contando.

Cómo se sale:

  • No te grabes actuando: que alguien te pregunte y tú respondes.
  • Habla de algo que domines, no de algo que tengas que vender.
  • Graba largo. La buena frase casi nunca llega en el minuto uno.
  • Y recuerda que tu cara no es obligatoria: manos, producto, taller, proceso y una voz en off también cuentan una marca entera.

Cómo encender la luz

De casi todas las pesadillas se despierta uno. Normalmente basta con mirar bien qué había ahí:

  1. Escribe en una frase a quién le hablas.
  2. Revisa tus últimas diez publicaciones y quita las que podría haber publicado tu competencia.
  3. Elige a la persona de tu equipo que mejor explica lo que hacéis y grábala una vez.

Con esas tres cosas hechas, la mayoría de los problemas que se atribuyen al algoritmo desaparecen.

¿Cuál de las tres es la tuya? Si quieres, cuéntanoslo y te decimos por dónde empezaríamos nosotros.

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